
Qué le ocurrió a Zack Wheeler
El lunes por la mañana, Zack Wheeler, as de los Philadelphia Phillies, pasó por una trombólisis para retirar un coágulo de sangre en la parte alta de su brazo derecho. El procedimiento, realizado por el cirujano vascular Paul DiMuzio en el Thomas Jefferson University Hospital, salió bien según comunicó el club. Aun así, el mensaje fue claro: prudencia absoluta. Este no es un tirón muscular que se trata con hielo y reposo. Es una condición potencialmente grave, con prioridad médica por encima de cualquier calendario deportivo.
Wheeler, de 35 años, fue enviado a la lista de lesionados de 15 días el sábado, después de notar pesadez y dolor creciente en el hombro tras su apertura del viernes contra Washington. Aun con las molestias, había permitido solo dos carreras limpias en cinco entradas, una salida estándar para su año: dominante y eficiente. Después de la operación, el mánager Rob Thomson dijo que el coágulo fue limpiado y que ha mantenido contacto con el lanzador por mensaje de texto. No hay plazos. Ni el equipo ni el propio jugador saben si podrá volver a lanzar esta temporada 2025.
¿Por qué tanto cuidado? Los coágulos en la parte superior del brazo pueden derivar en complicaciones serias, como una embolia pulmonar, si el trombo se desplaza. El primer paso suele ser despejar el coágulo mediante trombólisis y, después, mantener anticoagulación durante un tiempo. En deportistas, además, los médicos evalúan si existe compresión vascular en la zona clavicular (un escenario conocido por provocar trombosis de esfuerzo). No significa que Wheeler la tenga, pero sí que el protocolo exige descartar causas subyacentes antes de pensar en lanzar otra vez.
Para un pitcher profesional, hay otra barrera obvia: mientras se toman anticoagulantes, el riesgo de sangrado por un golpe o un pelotazo es mayor. Eso limita el trabajo en el campo y alarga el proceso. Incluso en el mejor de los casos, la vuelta al programa de tiro se mide en semanas o meses, no en días. Philadelphia, por ahora, trabaja con la única certeza posible: su salud va primero y el béisbol espera.
La noticia cae en el momento más alto de su año. Wheeler estaba en plena candidatura al Cy Young: 10-5, 2.71 de efectividad, líder de Grandes Ligas con 195 ponches en 149.2 entradas y un WHIP de 0.94 en 24 aperturas. Fue al All-Star por tercera vez el mes pasado y, más allá del brillo, sostenía a una rotación que había tapado agujeros de un bullpen irregular durante buena parte del calendario.
Impacto deportivo para los Phillies y próximos pasos
El golpe competitivo es evidente. Los Phillies mantienen cinco juegos de ventaja sobre los Mets en el Este de la Liga Nacional y comparten el segundo mejor registro del circuito, solo por detrás de Milwaukee. Sin su as, el margen de error se estrecha. La rotación queda en manos de Cristopher Sánchez, Jesús Luzardo, Taijuan Walker, Aaron Nola y Ranger Suárez. Nola volvió el 17 de agosto ante los Nationals tras su propio parón, un alivio a medias ahora que la cabeza del grupo queda fuera indefinidamente.
Más allá de nombres, el desafío es de carga de trabajo. Wheeler es uno de los brazos más duraderos de los últimos años: superó las 192 entradas en tres de las últimas cuatro temporadas. Esa garantía de seis o siete episodios por salida no se reemplaza con una sola pieza. Philadelphia necesitará aperturas más largas de Sánchez y Suárez, estabilidad inmediata de Luzardo y Walker, y que Nola encuentre ritmo rápido para evitar sobreexigir un bullpen que ya ha ido justo.
La directiva tiene poco margen de maniobra a mitad de agosto. Con el mercado de traspasos cerrado, las opciones pasan por el sistema de granjas, ajustes internos y apuestas de bajo riesgo en agentes libres disponibles. Un escenario probable: turnos spot, días de descanso estratégicos y, si el calendario aprieta, juegos con “abrelador”. No es la hoja de ruta soñada para un equipo que aspira a su cuarto viaje seguido a postemporada, pero es la realidad cuando el caballo de batalla se cae del carril.
El vestuario, mientras tanto, procesa el susto. Thomson insistió en la dimensión humana del cuadro: esto va de salud, no de rotaciones probables. No hubo promesas ni fechas. Tan solo un parte médico optimista por la intervención y un silencio prudente sobre lo que viene. Enfrente, una recta final exigente, donde cada decisión de uso de los pitchers se convierte en una pieza más del dominó.
En el campo, la clave inmediata será reducir el número de entradas que se le escapan al relevo. Con Wheeler, el plan era sencillo: llegar al séptimo con ventaja y gestionar. Sin él, habrá más outs de alta tensión para los brazos intermedios. Eso obliga a maximizar defensa, ejecutar mejor con corredores en base y, sobre todo, anotar antes. Philadelphia ha ganado muchos partidos este año llevando el guion perfecto; ahora debe ganar alguno más improvisando.
El cuerpo médico seguirá el protocolo: control de imagen, anticoagulación, descanso, y solo entonces una progresión paulatina si todo va bien. Si existiera algún factor anatómico que predispusiera a nuevos coágulos, los especialistas lo valorarían aparte. Cada paso pide tiempo y certezas, no atajos. La organización, por su parte, se prepara para el escenario más largo posibles sin renunciar a nada mientras mantiene liderazgo divisional.
Para los rivales del Este, es una ventana que no van a desaprovechar. Mets y compañía verán más oportunidades en series directas si las aperturas de los Phillies se vuelven más cortas. Para Philadelphia, la respuesta pasa por resistir: sostener la defensa del infield, arañar carreras extra con corrido de bases agresivo y exprimir cada salida de calidad de su quinteto actual. Un par de buena rachas pueden valer tanto como una adquisición de impacto… cuando esa adquisición no es posible.
El caso de Wheeler recuerda lo finos que son los márgenes en una temporada de 162 juegos. La línea entre rutina y emergencia a veces depende de un síntoma tras un start cualquiera. Ese viernes en Washington, lanzó cinco entradas sólidas y luego vino la pesadez en el hombro. Al día siguiente, a la lista de lesionados. Dos días después, al quirófano. Hoy, con el coágulo fuera, lo único que importa es que el brazo y el pecho estén seguros y estables.
Si la evolución acompaña, habrá tiempo para hablar de bullpen días, ajustes de rotación y candidatura al Cy Young. Si no, Philadelphia deberá defender su posición con lo que tiene, que no es poco: un lineup que puede enlazar rallies, dos zurdos en ritmo, un Nola que vuelve, y un staff que, al menos hasta ahora, sabía ganar incluso con el relevo sufriendo. El as falta. El plan cambia. La temporada sigue, y cada 27 outs pesan un poco más.
Escribir un comentario